Hace unos días me preguntaba ¿cuál es la función del teatro Casa de Piedra en la ciudad de Canela? ¿O el Teatro San Pedro de Porto Alegre?
¿Será que las motivaciones últimas de sus respectivas materializaciones y adaptaciones fueron mostrar ventanas, puertas, columnas, techos y pisos? ¿Y como acompañante de la exhibición la “sabiduría” de la especie homo sapiens que las hizo posibles?
No parece probable.
La cultura es lo que diferencia al hombre de otras especies que forman parte de la vida en la Tierra.
En los escenarios de las culturas consecuentes vivimos. Con sus bondades y las que no lo son.
El resultado, a veces, es camino agradable, aunque habrá resultados inesperados o no deseados, no siempre provocados por motivos maliciosos.
Pecadores, si. ¿Pero corruptos? Tal vez anulemos esa condición si, en cada uno de nosotros, ella esté siempre acompañada de la palabra > nunca.
Vuelvo al teatro. Para desarrollar esta actividad se necesita el espacio adecuado. El hombre tiene los conocimientos necesarios para criarlo. Ley de la gravedad y su ciencia derivada de las construcciones, la resistencia de los materiales y la belleza intrínseca de su expresión, el conocimiento profundo de la actividad, la antropometría, el clima, etc.
Una vez materializado, en él se producen las manifestaciones artísticas que llamamos teatro. Es decir, un grupo humano que disfruta de la actividad de representar obras que extraídas de la vida en común, intenta impactar con belleza las emociones de los participantes.
Sea para los que actúan y para los que asisten. Escenario y público unidos en un objetivo que va más allá del simple placer individual, el que es imprescindible, pero que sin el colectivo es imposible.
El hombre, en general, se cree único en el universo. Y estoy hablando de nosotros hoy.
Rechazamos científicamente la vieja y trasnochada teoría de la Tierra como centro físico del universo, y declaramos que el centro es nuestra razón.
Dentro de ese concepto, el universo está ahí solo para mostrar nebulosas, galaxias, estrellas, planetas, satélites.
Para que observemos, admirados, el resultado de esta grandiosa Casualidad.
La que cuidó al detalle las leyes de su funcionamiento. Aquellas que a medida que avanza nuestro conocimiento, aprendemos a controlar y utilizar para nuestro beneficio o perjuicio.
Es nuestra inteligencia la que hace que todo sea posible.
El sistema solar, se dice, es el producto del Bing-bang.
O no. No tiene importancia.
Por más original que sea siempre es Casualidad.
Ya una computadora es producto de la razón humana.
No diré que el hombre es el centro de la nada ni del todo.
Sólo me pregunto si la Tierra no es un escenario preparado para que en ella se desarrollen las situaciones que vivimos en nuestro día a día, para que el hombre encuentre realmente la puerta de su liberación.
Creación esta derivada de la Casualidadque muchos de nosotros llamamos deDios.
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El autor de la presente crónica escribía en el diário "Folha (Hoja) de Canela".
El tema aqui desarrollado fue publicado en el mes de Mayo de 2013.